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ALBACETE


Poco se puede precisar del origen de la ciudad, aunque existen importantes restos romanos y preromanos en las inmediaciones, tales como el poblado palafítico del bronce en ACEQUIÓN, o el monumento turriforme ibérico de Pozo Moro, así como la villa romana de Balazote. Situada estratégicamente dentro la geografía española, se convierte en punto neurálgico de comunicaciones entre Andalucía, Levante y el centro de la península, pudiendo haber sido antiguamente un asentamiento de escasa importancia. De las primeras noticias y a la vez escasas que se conocen de Albacete se refieren a un viejo castillo de época califal. Es el núcleo de Al'Basit 'Tierra llana' que dará su nombre a la ciudad, quedando únicamente unos contados restos de cerámica encontrados junto al actual edificio de la Diputación Provincial. En sus cercanías tuvo lugar en 1146 la batalla que costó el trono y la vida al reyezuelo levantino Zafadola, abatido por los soldados castellanos. Esta zona es durante el período medieval escenario de luchas entre cristianos y musulmanes hasta la conquista del castillo mencionado anteriormente en el año 1241, concediéndola, Fernando III, al concejo de Alarcón. En 1242 Pelayo Pérez Correa conquista Chinchilla, y en 1269, Albacete pasaría a depender de esta población en calidad de aldea. Así el infante don Manuel, crea un extenso señorío, Albacete, Chinchilla Almansa Alpera y otras poblaciones cercanas a éstas. Éste notable literato y belicoso personaje don Juan Manuel, repoblaría toda la zona convirtiéndose más tarde en el Marquesado de Villena. De su época puede datar la creación de la Villanueva de Albacete, nuevo asentamiento a partir del cual se desarrollaría el futuro núcleo urbano. Durante los siglos XIV y XV, Albacete iría adquiriendo una mayor importancia y crecimiento, contando con tres fortalezas localizadas en los alrededores de la actual Plaza de Carretas, llamada La cuesta, otra en la Villanueva - Alto de la villa, situada actualmente en la Plaza de Villacerrada y una tercera en el cerrillo de San juan. De la unión de los tres puntos surgiría más adelante, Albacete. Así en 1375 el núcleo urbano estaría ya definido en torno a la Villanueva, y ante el creciente auge desplegado, Don Alfonso de Aragón, Marqués de Villena, concedía a la aldea de Albacete el título de Villa, desvinculándola administrativamente de su vieja metrópoli, Chinchilla. Ésta decisión no fue en bien encajada por ésa villa, motivando continuos enfrentamientos ya que el villazgo traía consigo la existencia de un término y de un concejo con autoridades propias, así como el traslado a Albacete de las Ferias que se celebraban en Chinchilla, hecho que contribuiría notablemente al desarrollo y a la prosperidad del vecindario. Al estar incluida dentro del Marquesado de Villena, Albacete participaría en todas las acciones bélicas a favor de los marqueses durante la Baja Edad Media, hasta el año 1476, en que la población ofrecería su obediencia a los Reyes Católicos. De este modo se iniciaba la andadura albacetense en la Edad Moderna. Durante el siglo XVI, época brillante para Albacete, la villa se acerca a los 5000 habitantes. Con la Guerra de las Comunidades, Albacete negocia con Adriano de Utrech el respeto de sus privilegios y sigue la causa imperial tras un breve período de insurrección. En 1526 Carlos V concede el señorío de Albacete a la emperatriz Isabel de Portugal, su esposa, como regalo de Bodas estableciéndose diversos monasterios franciscanos, justinianas y agustinos, en la villa durante este período. Asimismo se inician las obras de San Juan, actual Catedral, sustituyéndose la vieja iglesia medieval por un soberbio templo gótico-renacentista que no se concluirá. Albacete durante ese período va a ser un lugar tranquilo, salvo en contadas ocasiones fruto de los acontecimientos de la política o la presencia de soldados de paso. Se instalan moriscos, y se desarrolla una artesanía de cuchillería. Asimismo el término municipal albacetense irá creciendo a costa del de Chinchilla, lo que es objeto de nuevos enfrentamientos. El siglo XVII, afectaría profundamente a la población al igual que en el resto de España debido a los acontecimientos históricos ocurridos en este siglo. El siglo XVII va a suponer un período fundamental para la historia inmediata albacetense. Felipe V, en 1710 confirma el privilegio de Feria, que empezaría celebrándose en Albacete, se trasladaría después a Los Llanos, donde se estableció una comunidad de franciscanos que siempre luchó por mantener en su ámbito este importante certamen económico comarcal.A lo largo del siglo y paulatinamente, Albacete conseguirá atraer la Feria a su núcleo urbano hasta que en 1783 se constituye un importante edificio para su celebración, obteniendo así un papel comercial destacado en la región. A finales del siglo XVIII se presente el proyecto del desagüe de las zonas pantanosas de Albacete que convertían a la población en lugar poco saludable, y hacia 1805 se inicia la construcción del Real Canal de Maria Cristina, siendo este hecho el que contribuiría a un notable aumento de población y convertirse en la localidad más populosa de la zona. En Mayo de 1808 Albacete participa activamente en la reacción anti-francesa y lucha a favor de Fernando VII, organizando milicias urbanas y proclamando en 1812 la constitución de Cádiz. Se inicia ya un desarrollo burgués y liberal que va a ser característico del Albacete contemporáneo. En 1833, Javier Burgos, diseña la nueva división administrativa y se crea la nueva provincia de Albacete con territorios procedentes, unos del llamado reino de Murcia, y otros de las antiguas provincias de la Mancha y Cuenca. Albacete se convertía en capital, gracias a la popularidad con que contaba la población, sus ferias y el canal mencionado anteriormente. En 1834 se crea la nueva Real Audiencia Territorial, cuyo carácter jurídico, al integrar las provincias de Murcia, Ciudad Real, Cuenca y la misma de Albacete, va a servir de acicate para cohesionar alrededor de la nueva capital un importante núcleo que irá creciendo durante todo el agitado siglo XIX. En 1862, Isabel II, concede a Albacete el simbólico título de Ciudad. En la segunda mitad del siglo XIX se abren nuevas calles como Alfonso XII, Salamanca, Paseo de la Cuba, Carcelén, Isaac Peral. Desde 1855 hasta 1865 se construye la línea férrea, uniendo Alcázar de San Juan-Almansa-Cartagena, y se inaugura el alumbrado eléctrico público en 1888. En los años iniciales del siglo XX se realizan obras de abastecimiento de aguas potables a la población. En el año 1900 Albacete tiene 21.512 habitantes. En 1919 se inicia la construcción del Parque de Canalejas, en la actualidad Parque de Abelardo Sánchez. Durante el primer tercio del siglo, el viejo pueblo manchego inicia un notable renacimiento urbano, levantándose edificios de gran monumentalidad, reflejo de la sociedad del momento. Estas edificaciones se encuentran principalmente en las calles de Marqués de Molins y Tesifonte Gallego así como en el Pasaje de Lodares. Durante este siglo, Albacete es una de las ciudades de España, que más crece, tanto a nivel poblacional, estando censados en el año 2000 más de 150000 habitantes en la ciudad, llegando a más de 350000 en toda la provincia, como cultural, económica e industrial. Se convierte así en una ciudad moderna, accesible y con una población joven debido fundamentalmente a la implantación de la Universidad de Castilla- La Mancha, y a su gran numero de carreras universitarias con que cuenta la Universidad, tales como Económicas, Informática, Derecho, Relaciones Laborales, y actualmente en construcción la Facultad de Medicina.
Pertenece a la Comunidad autónoma de Castilla - La Mancha , su extensión es de 14.862 km2 y una población actual de 357000 habitantes aproximadamente, de los cuales, la ciudad cuenta con 160.000. Está situada en el extremo SE de la Meseta distinguiéndose cuatro conjuntos comarcales, la Mancha y Campos de Montiel en la mitad septentrional, Sierra de Alcaraz y Segura en el cuadrante SO, los altos de Chinchilla en el SE y el valle del Jucar en el NE. El territorio está enclavado en 4 cuencas hidrográficas, Segura, Júcar, Guadalquivir y Guadiana. Climatológicamente hablando la provincia cuenta con suaves temperaturas estivales, inviernos muy fríos y lluvias abundantes en la Sierra mientras que en la meseta sus temperaturas son extremas tanto en invierno como en verano.
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